En esta columna publicada por BioBioChile, analizo cómo la guerra de Rusia contra Ucrania no se limita al terreno militar, sino que también apunta contra el patrimonio cultural, religioso e histórico del país. A partir del reciente ataque que dañó la Catedral de la Dormición en la Lavra de Kyiv-Pechersk, reflexiono sobre una práctica que se repite desde hace siglos, la destrucción deliberada de monumentos, archivos, templos y símbolos identitarios como herramienta para debilitar la memoria colectiva de un pueblo.
El artículo examina la relación entre patrimonio, identidad nacional y resistencia cultural, mostrando que los ataques contra estos sitios trascienden el daño material. Cuando se destruyen lugares cargados de significado histórico y espiritual, también se intenta erosionar el vínculo de una sociedad con su pasado y su derecho a definir su propia historia.

