Donbasificación: cómo se construye una realidad paralela

En artículos anteriores he analizado cómo una narrativa repetida durante años puede terminar ocupando el lugar de los hechos. El “mundo ruso”, la supuesta necesidad de “desnazificar” Ucrania o la utilización de la “rusofobia” para transformar al agresor en víctima responden, con mecanismos diferentes, a una misma lógica: no se trata solamente de difundir información falsa, sino de construir progresivamente una realidad alternativa capaz de explicar los acontecimientos futuros antes de que estos ocurran.

En esta línea resulta especialmente interesante el artículo “La mentira que preparó el campo de batalla: ¿qué es la donbasificación?”, escrito por Katerina Turska, copresidenta de la Asociación de Ucranianos de Nueva Zelanda (Norte) y originaria de Sloviansk, en la región de Donetsk. Su propia experiencia entre el este y el oeste de Ucrania le permite mostrar cómo diferencias regionales reales fueron exageradas durante décadas hasta presentarlas como una supuesta incompatibilidad entre dos sociedades diferentes.

Turska recupera el concepto de “donbasificación”, formulado por Vlad Vernijora, investigador especializado en relaciones internacionales y ciencias políticas y actualmente oficial de la Guardia Nacional de Ucrania. La idea describe un mecanismo particularmente peligroso: tomar características regionales existentes, superponerles mitos, propaganda y falsificaciones históricas, profundizar las diferencias y terminar construyendo una identidad artificial que luego pueda utilizarse como evidencia de que determinado territorio nunca perteneció realmente al Estado del que forma parte.

El caso del Donbás permite observar el proceso completo. Una denominación originalmente económica y geográfica fue transformándose en una supuesta identidad diferenciada. Esa identidad se convirtió en agravio, el agravio en conflicto y el conflicto, finalmente, en argumento para justificar una intervención presentada ante el mundo como respuesta a una división interna que previamente había sido alimentada durante años.

Ahí encuentro el vínculo más interesante con los conceptos que he abordado anteriormente: la desinformación verdaderamente eficaz no necesita inventarlo todo. Puede comenzar con hechos, diferencias o tensiones reales, seleccionarlos, exagerarlos y reorganizarlos hasta construir con ellos una realidad paralela coherente. Cuando esa interpretación consigue instalarse socialmente, los acontecimientos posteriores parecen confirmarla.

Por eso la “donbasificación” merece ser estudiada mucho más allá del caso ucraniano. Ayuda a comprender cómo una operación de influencia puede preparar el terreno político, social e informativo mucho antes de que aparezcan los soldados. Y también nos obliga a preguntarnos cuántas veces aceptamos como espontáneas divisiones que alguien lleva años trabajando para convertir en irreconciliables.

Una lectura que recomiendo para seguir comprendiendo cómo se construyen las narrativas que, con el tiempo, pueden terminar justificando una guerra.